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Taboo Polanco representa una declaración de intenciones dentro del competitivo panorama culinario de la capital. Desde el momento en que se cruza su acceso sobre la emblemática Avenida Presidente Masaryk, el visitante comprende que no está entrando a un restaurante convencional, sino a un espacio cuidadosamente concebido para provocar emociones. La arquitectura abierta, los materiales naturales y la iluminación estratégica no solo cumplen una función estética, sino que establecen un ritmo narrativo que prepara al comensal para una experiencia progresiva. Cada rincón parece diseñado para estimular la curiosidad y anticipar lo que vendrá, generando una expectativa que se va construyendo incluso antes de que llegue el primer platillo a la mesa.
En este sentido, Taboo no puede limitarse a describir su cocina o su ubicación; es necesario entenderlo como un fenómeno social dentro de la escena gastronómica contemporánea. Polanco se ha convertido en un escaparate de tendencias internacionales, y Taboo dialoga con ese contexto proponiendo una mezcla entre sofisticación europea y energía cosmopolita latinoamericana. La experiencia comienza con la atmósfera: conversaciones que fluyen, copas que tintinean, música que envuelve sin invadir y un servicio atento que equilibra formalidad y cercanía. Esta combinación transforma la simple acción de cenar en un ritual urbano donde el acto de compartir mesa adquiere una dimensión más amplia.
Otro aspecto que enriquece la introducción es la manera en que el restaurante apela a los sentidos de forma integral. No se trata únicamente del sabor, sino de la textura de los materiales, el aroma de la cocina abierta, la temperatura de la iluminación y la selección musical que acompaña cada momento de la noche. Esta atención al detalle crea una sensación de coherencia conceptual que rara vez se encuentra en propuestas que buscan abarcar tanto. Aquí, cada elemento parece formar parte de una coreografía perfectamente ensayada, en la que la gastronomía es el eje, pero no el único protagonista.
Asimismo, la propuesta inicial de Taboo invita a reflexionar sobre el papel que desempeñan hoy los restaurantes de alto nivel en la vida social de la ciudad. Más que espacios de consumo, se han convertido en escenarios de encuentro, celebración y networking. En este contexto, Taboo ofrece un ambiente que equilibra exclusividad y apertura: es elegante sin resultar inaccesible, vibrante sin perder refinamiento. Esta dualidad amplía su atractivo, pues permite que tanto una cena íntima como una reunión festiva encuentren cabida bajo el mismo techo.
El comensal llega con una idea preconcebida de lo que significa la cocina mediterránea, pero pronto descubre que la experiencia va más allá de lo tradicional. Desde la presentación visual de los platillos hasta la dinámica del servicio y la evolución del ambiente a lo largo de la noche, todo contribuye a una narrativa que se despliega gradualmente. Así, antes de profundizar en los detalles culinarios y operativos, resulta fundamental comprender que Taboo no solo promete una comida memorable, sino una vivencia cuidadosamente orquestada que busca dejar huella desde el primer instante.
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Esta avenida no solo es un símbolo de estatus y lujo; también ha evolucionado en las últimas décadas como un corredor gastronómico de nivel mundial, en el que cada dirección invita a cruzar las fronteras de la cocina tradicional para explorar propuestas audaces, innovadoras, y culturalmente integradas. En este contexto se encuentra Taboo Polanco, un restaurante que ha ido construyendo, desde su apertura, una identidad inconfundible como destino culinario que trasciende la simple función de “lugar para comer” y se erige como un espacio de encuentro sensorial donde el diseño, la música, la coctelería, la gastronomía y la socialización convergen en una única experiencia holística.
Para entender cabalmente el impacto de este lugar es necesario descomponer sus elementos —espacio, comida, ambiente, servicio, cultura, historia culinaria y simbolismo urbano— y analizar cómo cada uno contribuye al relato único que Taboo propone a quienes lo visitan. Más allá de la etiqueta de “restaurante mediterráneo en Polanco”, la propuesta de Taboo es un ejercicio de reinterpretación de la gastronomía clásica; es una apuesta por la experiencia total, por ese tipo de comer que te hace recordar sabores, texturas, músicas y sensaciones mucho después de haber terminado la última copa o el último bocado.
El Entorno: Polanco como Escenario Gastronómico y Cultural
Antes de cruzar la puerta de Taboo, el comensal ya ha sido influenciado por la percepción del lugar donde se encuentra. Polanco no es un barrio cualquiera: es una zona de alto nivel socioeconómico, un eje de boutiques, galerías, corporativos, embajadas y museos. Es también, en palabras de críticos gastronómicos y viajeros, un referente obligado para quienes buscan experiencias culinarias que compitan con metrópolis globales como Nueva York, Londres o París.
Masaryk, particularmente, funciona como una carta de presentación: transitarla implica saber que la propuesta que se visitará no será modesta, ni discreta, sino deliberadamente ambiciosa. En este contexto, Taboo se presenta con confianza como un lugar que celebra esa ambición a través de su comida, su arquitectura y su ambiente. La avenida atestigua día a día la afluencia de locales y visitantes internacionales que buscan lugares memorables —y Taboo se ha hecho de un lugar privilegiado entre ellos.
Diseño Arquitectónico y Estética: El Arte de Comer con los Ojos
Una de las características que más distingue a Taboo desde el primer vistazo es su diseño, concebido como una amalgama de referencias culturales que dialogan entre sí: paredes de piedra caliza blanca que evocan la arquitectura clásica griega, una celosía de cobre con reminiscencias turcas y una iluminación artesanal hecha con henequén procedente de Tulum.
Esta combinación no es casual. Busca comunicar una narrativa: la de un espacio mediterráneo contemporáneo que respira historia y modernidad a la vez. Las lámparas, la madera de parota de la barra, y la selección de materiales generan un ambiente cálido e íntimo, donde la sofisticación no se siente distante ni imponente, sino acogedora y bien cuidada.
La arquitectura de Taboo funciona como un preludio visual a la gastronomía que se servirá: invita a anticipar una experiencia que es, como su propio diseño, compleja, culturalmente rica y memorable. Aquí no se elige aleatoriamente cada elemento del espacio; cada detalle está pensado para que el comensal se sienta parte de una historia visual que prepara el paladar antes de la primera entrada.
Filosofía Culinaria: Mediterráneo con Identidad Propia
Enfoque en la Cocina Mediterránea
La médula de Taboo radica en su compromiso con la cocina mediterránea, pero no entendida como una reproducción literal de recetas europeas tradicionales, sino como una reinterpretación contemporánea basada en ingredientes frescos, técnicas cuidadas y una visión moderna de tradición culinaria.
El Mediterráneo ha sido durante siglos un cruce de caminos culinarios: griega, italiana, española, francesa y norteafricana, entre otras tradiciones, han influenciado este estilo de cocina. En Taboo, esta herencia se manifiesta en platos que buscan honrar la esencia de la comida mediterránea —ligera, fresca, profunda en sabor—, con un enfoque claro en productos del mar y vegetales de alta calidad.
El Mar como Protagonista
Uno de los pilares del menú son los pescados y mariscos frescos: platillos como el calamar colosal, salmón nórdico, langostinos mediterráneos y pescados al horno reflejan un compromiso con la excelencia del producto.
Estos elementos no solo aportan sabor; representan un estilo de alimentación mediterráneo que prioriza la frescura y la pureza de ingredientes, liberándolos de pesadas salsas para permitir que la calidad del producto hable por sí misma. Esta filosofía culinaria hace que cada ingrediente destaque, y el paladar perciba matices que usualmente quedan ocultos en preparaciones más cargadas o complejas.
Menú Innovador y Ejecutivos Destacados
El menú actual incluye creaciones como carpaccio de res con trufa fresca, burrata italiana, croquetas de gruyère e incluso cortes de carne premium cocinados al momento, como el Kobe Tajima Beef o el Tomahawk flameado.
Esta diversidad demuestra que Taboo no se limita a una sola dimensión del Mediterráneo; combina desde influencias europeas clásicas hasta reinterpretaciones contemporáneas de platos icónicos. Es un menú que explora el balance entre tradición e innovación, densidad de sabor y elegancia visual.
Mixología: Un Arte Basado en los Cuatro Elementos
Un aspecto que ha llamado la atención tanto de críticos como de clientes es la propuesta de coctelería, inspirada en la teoría ancestral de los cuatro elementos —agua, tierra, fuego y aire—, que busca conectar las bebidas con sensaciones y matices complementarios a la gastronomía.
Este enfoque no solo refuerza la identidad mediterránea del restaurante, sino que eleva la experiencia de beber a una categoría sensorial propia, donde cada coctel se convierte en una pieza que acompaña, potencia o contrasta los sabores de los platos principales. En un lugar donde la comida es protagonista, la mixología no se queda atrás: funciona como puente entre la mesa, la conversación y el ambiente.
Ambiente Nocturno: Música y Socialización como Parte de la Experiencia
A diferencia de muchas propuestas gastronómicas tradicionales, Taboo no concibe la cena de forma estática. Por el contrario, el ambiente evoluciona conforme avanza la noche gracias a la presencia de música en vivo —como saxofón o violín— y DJ residente, que acompañan el ritual de la cena con una atmósfera vibrante y sensorial.
Este elemento convierte al restaurante en un destino versátil: un lugar perfecto tanto para una comida tranquila como para una velada nocturna prolongada, donde la conversación, la cena y la música se integran sin que uno opaque al otro. La transición del ambiente gastronómico al nocturno es fluida, y es parte esencial de lo que hace a Taboo un lugar memorable y atractivo para distintas ocasiones.
Servicio y Operación: La Cara Humana de la Experiencia
Un restaurante de alta gama no puede prescindir de un servicio equivalente. En Taboo, la atención al comensal es un componente clave para completar la experiencia.
Lo que se percibe recurrentemente en reseñas es una atención profesional y detallada, donde el personal no solo recomienda platillos sino que también contextualiza la propuesta culinaria. Esto convierte la visita en una experiencia didáctica además de placentera, ya que el comensal no solo degusta alimentos, sino que comprende la lógica y filosofía detrás de cada elección del menú.
Precio y Accesibilidad: Una Experiencia Premium con Justificación
La gastronomía de alto nivel suele implicar una inversión significativa por parte del comensal.
Este costo lo posiciona como una propuesta premium dentro de Polanco, pero no arbitrariamente cara: la calidad del producto, la ubicación privilegiada, la propuesta sensorial completa (comida, bebida, ambiente y música), y la atención profesional hacen que el valor percibido corresponda al precio. No es un lugar para cada día, pero sí para ocasiones en las que se busca una experiencia gastronómica única y bien lograda.
Percepciones de Clientes: Entre la Euforia y la Expectativa
En las opiniones de comensales recopiladas en distintas plataformas hay una tendencia mayoritaria positiva: muchas reseñas destacan el ambiente, la presentación de los platillos, la calidad de la comida y la energía del lugar.
Taboo en Comparación con la Escena Gastronómica de Polanco
Polanco es un universo gastronómico propio con propuestas que van desde cocina de autor hasta bares sofisticados y conceptos globales. En ese entorno, Taboo busca posicionarse no como una opción más, sino como una propuesta diferenciada que combina comensalismo mediterráneo con fiesta nocturna, música en vivo, coctelería teatralizada y diseño inmersivo.
Comparado con otros restaurantes en la zona, Taboo no solo compite en sabor o presentación, sino en experiencias completas. Ya sea una cena de negocios, una celebración especial o una noche con amigos, el lugar ofrece un sello distintivo: una narrativa culinaria que va más allá de la mesa y entra en el territorio de lo sensorial, lo social y lo visual.
Una Experiencia que Deja Huella
Taboo Polanco no es simplemente otro restaurante elegante en la evergente Avenida Masaryk. Es una experiencia gastronómica estructurada como una narrativa sensorial completa, donde cada elemento —desde la arquitectura hasta la música, desde los ingredientes hasta el servicio— está cuidadosamente concebido para conectar con el comensal de forma profunda y memorable.
Lo que Taboo logra, mejor que muchos otros espacios de alta cocina, es fusionar el placer de comer con la magia de estar en un lugar que invita a ser vivido. No es solo comer bien; es sentirse inmerso en un mundo donde la gastronomía mediterránea se reinventa con audacia y elegancia, donde la coctelería es un arte y donde la noche y la conversación se combinan para crear recuerdos duraderos.
Para quienes buscan un lugar que equilibre sofisticación, innovación, cultura y diversión, Taboo es, sin duda, una de las propuestas más interesantes de la Ciudad de México. Ya sea para una cena especial, una celebración o simplemente para explorar una culinaria distinta, esta propuesta mediterránea contemporánea ofrece mucho más que una comida: ofrece una vivencia que vale la pena experimentar.
Sin duda, Taboo Polanco ha logrado consolidarse como un referente dentro de la escena gastronómica de alto nivel en la capital mexicana, no únicamente por la calidad de su cocina, sino por la coherencia integral de su propuesta. En un entorno tan competitivo como el de Polanco, donde cada apertura compite por atención mediática y fidelidad del público, mantenerse vigente requiere algo más que un menú atractivo. Requiere visión, identidad y capacidad de evolución. Taboo demuestra entender esta dinámica al ofrecer una experiencia que combina consistencia en el servicio con innovación constante en su carta y en su ambiente.
Al reflexionar sobre todo lo que implica visitar este restaurante, resulta evidente que su éxito radica en la construcción de una experiencia multisensorial cuidadosamente estructurada. No es casualidad que la música, la iluminación, la disposición de las mesas y la presentación de cada platillo dialoguen entre sí como piezas de un mismo engranaje. Esta sincronía genera una sensación de armonía que trasciende el simple acto de cenar. La experiencia se convierte en un recuerdo compuesto por múltiples estímulos que permanecen en la memoria del comensal mucho después de abandonar el lugar.
También es importante considerar que Taboo encarna una tendencia contemporánea en la gastronomía internacional: la fusión entre restaurante y espacio social dinámico. Ya no se trata solo de degustar sabores excepcionales, sino de participar en un ambiente vibrante donde la energía evoluciona a lo largo de la noche. Esta transformación progresiva del entorno —de una cena elegante a una atmósfera más animada— permite que el restaurante se adapte a distintas expectativas sin perder su esencia. Esa versatilidad amplía su atractivo y lo convierte en una opción viable para celebraciones especiales, encuentros sociales o experiencias gastronómicas planificadas con intención.
No es únicamente un restaurante de cocina mediterránea, ni solo un espacio de ambiente sofisticado; es la suma de ambos mundos en un concepto cohesivo y bien ejecutado. Para quienes buscan una velada que combine excelencia culinaria, energía social y un entorno estéticamente cuidado, Taboo se presenta como una elección que difícilmente pasa desapercibida y que, con alta probabilidad, invita a regresar para revivir —o redescubrir— cada uno de sus matices.
