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Cantina Colonial Steak House
En el corazón de la Colonia Cuauhtémoc, a unas cuantas cuadras del Paseo de la Reforma, se alza una joya culinaria que parece rendir homenaje tanto a la historia como a la innovación: Cantina Colonial Steak House. Desde el momento en que uno cruza su fachada —que combina el ladrillo expuesto con detalles metálicos de diseño contemporáneo—, se percibe una atmósfera cuidadosamente orquestada. No se trata solo de un restaurante; es un espacio que busca envolver al comensal en una experiencia completa desde el primer momento.
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El concepto arquitectónico logra un equilibrio perfecto entre lo clásico y lo vanguardista. Las paredes están decoradas con fotografías en blanco y negro de la Ciudad de México de mediados del siglo XX, contrastadas con arte moderno abstracto en tonos cálidos. La iluminación es tenue pero estratégica, con lámparas colgantes tipo industrial que brindan una sensación de intimidad sin caer en lo sombrío. La música de fondo, una mezcla de jazz, soul y toques de funk latino, termina por reforzar una atmósfera de sofisticación relajada.
La atención desde la entrada es otro de los puntos que merece mención especial. El personal de bienvenida es profesional sin ser frío, atentos sin ser invasivos. Te reciben con una sonrisa auténtica y una breve explicación del concepto del lugar: cocina internacional de autor con énfasis en carnes añejadas y preparaciones a la parrilla, complementadas por una barra de cócteles de autor y una carta de vinos que viaja por cinco continentes.
En este primer acercamiento, Cantina Colonial Steak House no solo promete una velada memorable, sino que la plantea como una experiencia sensorial desde lo visual, lo auditivo y lo emocional. Todo indica que cada detalle ha sido pensado con propósito, desde la disposición de las mesas hasta la selección de aromas que se perciben sutilmente al ingresar. Aquí, cada instante tiene intención.
El arte en el plato: una cocina internacional con identidad propia
Si el ambiente del Cantina Colonial Steak House despierta los sentidos, su cocina los cautiva por completo. En este restaurante no se habla simplemente de “comida”, sino de una propuesta gastronómica que fusiona lo mejor de la tradición culinaria internacional con una ejecución audaz y autoral. Cada platillo parece ser una declaración: aquí se cocina con técnica, creatividad y una pasión evidente por los detalles.
La carta es concisa pero ambiciosa. En lugar de abrumar al comensal con decenas de opciones, presenta una selección curada que representa un viaje por sabores del mundo, desde Sudamérica hasta Asia, sin perder el alma mexicana que lo ancla al contexto local. La estrella indiscutible es su corte ribeye añejado en seco por 45 días, servido sobre una piedra caliente y acompañado de una mantequilla compuesta de tuétano y miso. El resultado es un bocado profundo, umami, que se derrite en la boca con una intensidad envolvente.
Otros platos que merecen reconocimiento son el pulpo al grill con emulsión de chiles tatemados y puré de coliflor rostizada, que equilibra perfectamente lo marino con lo terroso; y el sorprendente risotto de betabel con queso de cabra local y almendras tostadas, una creación que pone de manifiesto el enfoque de cocina vegetal contemporánea con identidad. Incluso los platillos aparentemente sencillos, como la hamburguesa Colonial con pan brioche artesanal y cebolla caramelizada al mezcal, revelan un trabajo técnico impecable.
Un punto fuerte es el respeto por el producto. Las proteínas son de calidad premium, seleccionadas de proveedores nacionales e internacionales reconocidos. Los vegetales son frescos, orgánicos, y muchos provienen de huertos urbanos cercanos. La cocina de Cantina Colonial no solo busca sabor: busca memoria, impacto, y sobre todo, provocar conversación.
En este punto de la experiencia, el restaurante confirma que está muy lejos de ser solo un “steakhouse”. Es, más bien, un laboratorio de sabores donde el fuego, el humo, la sazón y la estética se entrelazan para dejar huella.
Bebidas con carácter: mixología de autor y una cava que cruza fronteras
La propuesta líquida de Cantina Colonial Steak House está lejos de ser un acompañamiento secundario: es una experiencia paralela que merece ser explorada con detenimiento. La carta de bebidas es tan cuidada y propositiva como el menú gastronómico, con una curaduría que abarca desde cócteles de autor hasta una cava internacional con etiquetas destacadas y difíciles de conseguir.
Empezando por la mixología, la barra del restaurante funciona como un verdadero laboratorio de alquimia moderna. Cada cóctel tiene nombre propio, historia y una presentación que sorprende. Uno de los más recomendados es el “Patrimonio”, una mezcla equilibrada de whisky mexicano, licor de chile ancho, jarabe de piloncillo y unas gotas de bitter de cacao, servido con un toque de humo encapsulado que se libera al levantar una campana de cristal. El resultado: un trago robusto, especiado, y profundamente sensorial.
Otro favorito es el “Círculo Colonial”, un cóctel a base de ginebra infusionada con romero, licor de flor de saúco, limón amarillo y un dash de prosecco. Es fresco, aromático y perfecto para abrir el apetito. Para los paladares más clásicos, también hay reinterpretaciones brillantes de tragos como el Negroni, el Old Fashioned o el Mojito, todos elaborados con ingredientes premium y técnicas precisas.
La carta de vinos es otro punto alto. Con más de 150 etiquetas provenientes de regiones como Burdeos, Napa, Mendoza, Ribera del Duero, Toscana y Valle de Guadalupe, hay una opción para cada platillo y tipo de comensal. Los sommeliers del lugar, amables y capacitados, ofrecen maridajes a la medida, explicando con pasión los orígenes y perfiles de cada vino sin caer en tecnicismos innecesarios.
Y para quienes prefieren algo sin alcohol, hay aguas frescas artesanales, tés fríos macerados y jugos prensados en frío que elevan la experiencia sin sacrificar sofisticación. Todo esto demuestra que en Cantina Colonial, la bebida no solo acompaña: dialoga con el plato, lo resalta, y a veces incluso lo desafía.
El servicio y la experiencia: hospitalidad que se siente, no se finge
En un restaurante de alto nivel, el servicio no es un mero trámite: es una parte esencial de la experiencia. En Cantina Colonial Steak House, este principio se cumple con rigor. Desde la llegada hasta el último sorbo de café o digestivo, el trato es impecable, atento y cálidamente profesional, sin caer en exageraciones ni formalismos innecesarios.
El equipo de servicio destaca por su capacidad para leer al comensal: saben cuándo intervenir y cuándo dejar espacio, cuándo sugerir algo nuevo y cuándo respetar el silencio del que simplemente desea disfrutar. La hospitalidad aquí tiene una cualidad casi invisible: se percibe en los pequeños gestos. Por ejemplo, los meseros se toman el tiempo de conocer tus preferencias antes de recomendar un platillo o bebida, y pueden adaptar la propuesta del chef a necesidades dietéticas o gustos particulares sin perder calidad ni intención.
Durante la comida, los tiempos entre platos son precisos. No hay esperas incómodas ni prisas innecesarias. Si uno decide quedarse a platicar después de comer, nadie se acerca a presionar la cuenta o a retirar la mesa. Al contrario: la idea es que cada mesa sea un universo propio, con su ritmo y narrativa, y eso se respeta.
La presencia del chef ejecutivo en el comedor, saludando a los comensales y explicando con entusiasmo algunos de los platillos estrella, refuerza la sensación de cercanía. No se trata de una cocina encerrada entre muros, sino de una experiencia que busca conectar con quienes se sientan a la mesa. Este detalle, aunque sencillo, genera un lazo emocional que pocos restaurantes logran cultivar.
El cierre de la experiencia también está cuidado al máximo: desde una despedida personalizada hasta la entrega de un pequeño obsequio —en nuestro caso, una tarjeta con una frase del chef y una galleta de mantequilla hecha en casa—. Todo contribuye a que la salida se sienta como un cierre redondo, cálido y memorable. En Cantina Colonial, no solo se come: se es bienvenido.
Valor, autenticidad y una propuesta que se queda en la memoria
Hablar del valor en Cantina Colonial Steak House no es solo referirse al precio, aunque eso también tiene su lugar. Es hablar de una experiencia que justifica cada peso invertido por su coherencia, su cuidado por el detalle y su vocación artística. El ticket promedio por persona ronda entre los $900 y $1,200 MXN si se opta por una comida de tres tiempos con bebida alcohólica incluida. Si bien podría parecer elevado en comparación con opciones más casuales en la zona, lo que se recibe a cambio es algo más que una cena: es una noche que combina sabor, arte, emoción y memoria.
Lo interesante de este lugar es que, a pesar de su aspiración gastronómica, nunca se vuelve pretencioso. La autenticidad con la que se presenta cada platillo, la narrativa detrás de cada ingrediente, la honestidad en el servicio y la energía del lugar hacen que uno no se sienta cliente, sino invitado. En ese sentido, Cantina Colonial honra su nombre: es una cantina moderna, pero con el espíritu de un espacio de encuentro, de sobremesa larga, de conversación nutrida.
Otro acierto es que no intenta encajar en las modas efímeras del mercado. Su cocina de autor no se basa en artificios, espumas innecesarias o extravagancias visuales vacías. Al contrario, apuesta por el sabor profundo, las técnicas bien ejecutadas y una estética cuidada pero natural. Cada platillo tiene propósito, cada cóctel tiene alma, y cada rincón del restaurante contribuye a una experiencia envolvente y auténtica.
En resumen, Cantina Colonial Steak House no es solo un lugar para ir a cenar: es un destino culinario que deja huella. Es ideal para celebraciones especiales, cenas íntimas o incluso una comida de negocios que quiera impresionar con elegancia y calidez. Es, en pocas palabras, uno de esos espacios que no solo se recomiendan, sino que se recuerdan.