Restaurante La Mallorquina Polanco

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Restaurante La Mallorquina Polanco

Horarios

Domingo 09:00 – 21:00
Lunes 09:00 – 01:00
Martes 09:00 – 01:00
Miércoles 09:00 – 01:00
Jueves 09:00 – 01:00
Viernes 09:00 – 01:00
Sábado 09:00 – 01:00

Cómo llegar al restaurante Restaurante La Mallorquina Polanco

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Restaurante La Mallorquina Polanco

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Restaurante La Mallorquina Polanco

En una ciudad metropolitana tan vibrante, cosmopolita y diversa como lo es Ciudad de México, donde cada calle y cada esquina parecen contar una historia distinta, La Mallorquina se erige como un puente entre dos mundos: el del bullicio urbano latinoamericano y la profundidad culinaria de la tradición española. Es un espacio donde la memoria gustativa se encuentra con la sofisticación contemporánea, y donde cada plato es, a la vez, un testimonio de historia y una obra maestra gastronómica.

Llegar a este restaurante es ingresar a una narrativa culinaria en la que los clásicos ibéricos no se repiten como ecos lejanos, sino que vibran con una frescura renovada. En un entorno que combina elegancia casual, calidez y atención meticulosa, La Mallorquina ha logrado convertirse en una referencia obligada para quienes desean redescubrir la comida tradicional española sin salir de México. La ubicación —en el corazón de Polanco, una de las zonas gastronómicas más destacadas de la capital— lo convierte en un punto de encuentro entre locales y visitantes, todos ávidos de una experiencia que trascienda lo meramente alimenticio.

La propuesta de La Mallorquina no se limita a servir comida; más bien, invita a vivir un recorrido sensorial completo, en el que la combinación de texturas, aromas, sabores y presentación estética transforma una cena o almuerzo en una experiencia que trasciende la mera degustación. Aquí, cada bocado remite a un pedazo de la península ibérica; cada copa de vino se siente como un homenaje a los viñedos europeos; y cada atención del personal refleja una hospitalidad que parece enseñada por generaciones.

En esta reseña, exploraremos con profundidad los múltiples aspectos de este restaurante —desde su ambiente y ubicación hasta su carta, servicio, historia, reputación entre comensales y la experiencia en su conjunto— para ofrecerte una visión completa y detallada que va más allá de lo superficial. Prepárate para un largo viaje sensorial a través de palabras, que te hará sentir como si estuvieras sentado en uno de sus mesas, respirando los aromas del ajo, el vino tinto y el aceite de oliva.

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La gastronomía española siempre ha ocupado un lugar especial dentro del panorama culinario internacional, no solo por la riqueza de sus ingredientes, sino por la manera en que cada receta logra transmitir identidad, territorio y memoria. En ese contexto, La Mallorquina se presenta como un espacio que no busca reinventar la tradición, sino preservarla y celebrarla con respeto. Desde el primer acercamiento al restaurante, se percibe una intención clara: honrar la cocina española tal como se concibe en su lugar de origen, con sabores profundos, técnicas cuidadas y una ejecución que privilegia la autenticidad por encima de las tendencias pasajeras.

En una ciudad tan exigente como la Ciudad de México, donde la oferta gastronómica es vasta y altamente competitiva, destacar requiere algo más que buenos platillos. Se necesita carácter, coherencia y una visión clara. La Mallorquina ha logrado consolidarse precisamente gracias a esa visión, ofreciendo una experiencia que conecta emocionalmente con el comensal. No se trata únicamente de comer bien, sino de sentirse parte de una experiencia cultural en la que cada plato funciona como un relato vivo de la tradición española.

Polanco, como escenario, aporta un contexto ideal para este tipo de propuesta. La zona se caracteriza por reunir restaurantes de alto nivel, público diverso y un ambiente cosmopolita que valora tanto la calidad como la experiencia. En medio de este entorno sofisticado, La Mallorquina encuentra su lugar sin caer en pretensiones, apostando por una elegancia sobria que se expresa tanto en su decoración como en la forma en que se presenta cada platillo. El resultado es un equilibrio armónico entre lo clásico y lo contemporáneo.

Desde el primer momento en que el comensal cruza la puerta, el restaurante transmite una sensación de familiaridad y calidez. Los aromas que emergen de la cocina —aceite de oliva, ajo, vino, carnes y mariscos— despiertan los sentidos y preparan el ánimo para una experiencia que promete ser pausada, disfrutable y profundamente reconfortante. La atmósfera invita a quedarse, a conversar sin prisa y a disfrutar cada tiempo del menú como parte de un ritual gastronómico cuidadosamente pensado.

Hablar de La Mallorquina es también hablar del valor de la cocina como lenguaje universal. Aquí, la comida se convierte en un puente entre culturas, un punto de encuentro entre España y México donde los sabores se reconocen, se respetan y se celebran. Esta reseña nace precisamente del deseo de explorar a fondo ese encuentro, de recorrer cada detalle que conforma la experiencia y de comprender por qué este restaurante se ha convertido en una referencia obligada para quienes buscan autenticidad, tradición y excelencia culinaria en el corazón de Polanco.

Historia y concepto del restaurante

Aunque no es un establecimiento centenario, La Mallorquina posee una historia bien definida: la de llevar la auténtica cocina española tradicional al paladar mexicano sin concesiones a la trivialidad o la imitación simplista. Bajo la guía del chef Carlos Arrieta —reconocido por su habilidad para reinterpretar recetas clásicas con un enfoque contemporáneo— La Mallorquina se inspira en las tabernas y casas de comida que pueblan las calles de España, donde cada plato narra una tradición familiar, un recuerdo regional o una técnica heredada.

Esta ambición se traduce en una carta que abarca desde las tapas más icónicas hasta los asados robustos, pasando por arroces que evocan las reuniones familiares y guisos típicos que son —literalmente— historias plasmadas en un plato. Desde la fabada asturiana hasta el lechón confitado, cada receta es fiel a su raíz y, al mismo tiempo, refinada para adaptarse a los estándares contemporáneos de presentación y calidad.

Además, La Mallorquina forma parte de una marca que ha expandido su presencia en Ciudad de México, con sucursales también en San Ángel y Arcos Bosques, cada una con un carácter único pero cohesivo con la filosofía general: tradición, respeto por la gastronomía popular española y un enfoque en la calidad de ingredientes y ejecución.

Ubicación y ambiente

El restaurante está ubicado en Av. Emilio Castelar 65, en la colonia Polanco, una avenida conocida por su ambiente sofisticado, cercanía con parques y tiendas de lujo, y una vida nocturna animada. La zona es un punto de referencia gastronómica de la CDMX, y La Mallorquina se integra impecablemente a ese contexto, ofreciendo un espacio que combina elegancia con comodidad.

Al entrar, los comensales son recibidos por un ambiente que equilibra lo clásico y lo moderno: acabados en madera, iluminación cálida, una terraza que invita a largas conversaciones acompañadas de una copa de vino y una atmósfera general que puede ser descrita como casual elegante. Esto lo convierte en un lugar ideal tanto para una cena íntima, una celebración familiar o una reunión de negocios.

La disposición de mesas al aire libre, la barra de bebidas bien surtida y el espacio interior cuidadosamente diseñado reflejan una atención al detalle que va más allá de lo estético: está pensada para que el comensal se sienta cómodo, bienvenido y estimulado desde el primer momento. Incluso la selección musical y la atención del personal se suman para crear un ambiente que, si bien es relajado, mantiene un nivel de sofisticación constante.

La carta: un recorrido por España

La oferta gastronómica de La Mallorquina es rica, diversa y bastante representativa de la cocina española tradicional. La carta mezcla platos clásicos, guisos regionales, asados y tapas, con opciones que pueden satisfacer tanto a quienes buscan algo ligero como a quienes desean un banquete completo.

Tapas y entradas

Las entradas están diseñadas para abrir el apetito y ofrecer una muestra del alma culinaria española:

Croquetas de jamón: crujientes y cremosas por dentro, con un sabor profundo a Iberia.

Pulpo a la parrilla: servido con papas panaderas y aceite de pimentón, es un clásico que equilibra textura y sabor marino.

Camarones al ajillo: una interpretación tradicional de un plato que celebra el ajo, el aceite de oliva y el marisco fresco.

Ensalada de ventresca: una opción más fresca y ligera, con ventresca de atún y vegetales asados.

Platos fuertes y especialidades

En los platos más elaborados, el restaurante ofrece interpretaciones cuidadas de recetas tradicionales y robustas:

Fabada asturiana: un clásico reconfortante, lleno de alubias, morcilla, tocino y chorizo, que evoca la cocina casera española.

Arroz meloso con rabo de toro: arroz cremoso con el intenso sabor del rabo de toro estofado.

Lechón confitado: jugoso y tierno, acompañado de papas y ensalada.

Paella mixta: ideal para compartir, con mariscos y carnes, que respeta la técnica clásica de este emblemático plato.

Cada uno de estos platos es un homenaje a la cocina española regional, ofreciendo sabores ricos y profundos que, aunque fieles a su origen tradicional, encuentran su lugar en el paladar internacional.

Bebidas y maridaje

La Mallorquina también ofrece una selección de vinos españoles y europeos que complementan perfectamente la propuesta gastronómica. Además, su barra de gin tonics, preparados con creatividad por mixólogos expertos, se ha convertido en parte esencial de la experiencia culinaria: desde combinaciones cítricas hasta opciones más audaces y aromáticas.

El maridaje —ya sea con vinos, cervezas o gin tonics artesanales— está pensado para acompañar cada fase de la comida: desde las tapas ligeras hasta los guisos más intensos. El personal, atento y bien capacitado, puede guiar al comensal en la elección ideal según el momento del día o el tipo de platillo elegido.

Servicio y atención al comensal

La atención al cliente es uno de los aspectos más elogiados por quienes han visitado La Mallorquina. Muchas opiniones destacan la cortesía, el profesionalismo y el conocimiento del personal sobre la carta y los maridajes disponibles.

Una experiencia que trasciende fronteras

Después de explorar cada detalle —desde la concepción del restaurante y la filosofía del chef hasta la ejecución de su carta, el ambiente, el maridaje y la opinión de quienes lo han visitado— se puede afirmar que La Mallorquina es mucho más que un restaurante de cocina española en México. Es un lugar donde tradición y contemporaneidad convergen para ofrecer una experiencia culinaria que honra la historia gastronómica ibérica sin perder relevancia en el contexto global actual.

Visitar La Mallorquina significa embarcarse en un viaje de sabores ricos, profundos y bien ejecutados, en el que cada ingrediente parece narrar su procedencia, cada técnica revela respeto por la tradición y cada mesa está impregnada de un espíritu de celebración. Tanto si eres un amante de la cocina española tradicional como si simplemente deseas una comida memorable acompañada de excelentes bebidas en un entorno agradable, este restaurante ofrece múltiples razones para reservar una mesa —y regresar más de una vez.

La experiencia que ofrece La Mallorquina no se limita al momento en que los platillos llegan a la mesa; permanece en la memoria del comensal mucho después de haber terminado la comida. Esa capacidad de dejar huella es una de las características más valiosas dentro del mundo gastronómico, donde no basta con satisfacer el apetito, sino que se busca provocar emociones, recuerdos y sensaciones duraderas. En este sentido, el restaurante logra algo fundamental: convertir una visita en un recuerdo significativo.

Uno de los mayores aciertos de La Mallorquina es su fidelidad a la cocina española tradicional, una fidelidad que no se percibe rígida, sino viva. Cada receta conserva su esencia, pero se presenta con una ejecución cuidadosa que demuestra respeto por el origen y atención al detalle. Esta coherencia permite que el comensal confíe plenamente en la propuesta, sabiendo que encontrará sabores honestos, bien definidos y preparados con conocimiento profundo de la gastronomía ibérica.

El valor de un restaurante también se mide por su constancia, y La Mallorquina ha sabido mantener una identidad sólida a lo largo del tiempo. No depende de modas pasajeras ni de reinterpretaciones forzadas; su fortaleza radica en la convicción de que la buena cocina, cuando se hace correctamente, no necesita artificios. Esa seguridad se refleja en cada platillo, en la manera de servirlo y en la experiencia global que se ofrece al cliente.

Otro aspecto que merece ser destacado es la atmósfera que envuelve cada visita. El ambiente del restaurante invita a la conversación, al encuentro y a la convivencia, elementos profundamente ligados a la cultura gastronómica española. Comer en La Mallorquina no es un acto apresurado, sino un momento que se disfruta con calma, donde el tiempo parece acomodarse al ritmo de los sabores y de la charla compartida en la mesa.

La ubicación en Polanco refuerza esta experiencia al situar al restaurante en una de las zonas más dinámicas y cosmopolitas de la ciudad. Sin embargo, La Mallorquina logra diferenciarse dentro de ese entorno competitivo al ofrecer algo genuino: una propuesta con alma. En lugar de competir por extravagancia, apuesta por la autenticidad, una decisión que resulta cada vez más valiosa en el panorama gastronómico actual.

El servicio, cuando se encuentra en su mejor expresión, complementa de manera natural la propuesta culinaria. La atención cercana, el conocimiento de la carta y la disposición para orientar al comensal generan una sensación de acompañamiento que eleva la experiencia. Estos detalles, aunque a veces pasan desapercibidos, son fundamentales para construir una visita verdaderamente satisfactoria.

Asimismo, la carta de bebidas funciona como un complemento que enriquece cada platillo. Los vinos y cocteles no solo acompañan la comida, sino que dialogan con ella, creando armonías que realzan sabores y prolongan el disfrute. Este equilibrio entre cocina y bebida demuestra una visión integral de la experiencia gastronómica.

La Mallorquina también destaca por su capacidad de adaptarse a distintos tipos de comensales. Ya sea para una comida familiar, una celebración especial, una reunión de trabajo o una cena íntima, el restaurante ofrece un entorno versátil que se ajusta a diferentes momentos y necesidades. Esa flexibilidad amplía su atractivo y explica por qué muchos clientes regresan una y otra vez.

Más allá de los platillos específicos, lo que verdaderamente define a La Mallorquina es su identidad clara. Cada elemento —desde la decoración hasta la presentación— responde a una narrativa coherente que rinde homenaje a España. Esta identidad sólida genera confianza y convierte al restaurante en un referente para quienes buscan cocina española auténtica en la Ciudad de México.

En un contexto donde la gastronomía evoluciona constantemente, mantener la tradición viva es un acto de valentía. La Mallorquina demuestra que preservar las raíces no significa estancarse, sino comprender profundamente aquello que se cocina. Esa filosofía se traduce en platos que no solo alimentan, sino que cuentan historias y evocan lugares lejanos.

La experiencia culinaria aquí invita a redescubrir el valor de lo simple bien hecho. Ingredientes de calidad, técnicas correctas y respeto por el producto bastan para construir una propuesta sólida. Esta visión devuelve al comensal a la esencia de la cocina: el placer honesto de comer bien.

Con cada visita, La Mallorquina reafirma su compromiso con la excelencia y con la tradición gastronómica que representa. No busca sorprender de manera efímera, sino construir una relación duradera con quienes cruzan sus puertas. Esa constancia es, sin duda, uno de sus mayores méritos.

Finalmente, concluir una experiencia en La Mallorquina es hacerlo con una sensación de satisfacción plena. No solo por lo degustado, sino por el ambiente, el servicio y la emoción que deja el conjunto. Es un restaurante que invita a regresar, a recomendar y a formar parte de una tradición culinaria que, desde Polanco, continúa celebrando el alma de España en cada plato.

Sofia Cruz

Sofía Cruz es una blogger mexicana y autora en el blog de Tumesita, donde comparte sus mejores hallazgos gastronómicos. Apasionada por la comida, las historias locales y los lugares con alma, Sofía recorre México en busca de restaurantes que sorprendan al paladar y al corazón. Su estilo cercano y auténtico la ha convertido en una voz confiable para quienes aman descubrir nuevos sabores.