Restaurante Guzina Oaxaca

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Restaurante Guzina Oaxaca

Horarios

Domingo 09:00 – 18:00
Lunes 09:00 – 23:30
Martes 09:00 – 23:30
Miércoles 09:00 – 23:30
Jueves 09:00 – 23:30
Viernes 09:00 – 23:30
Sábado 09:00 – 23:30
 

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Restaurante Guzina Oaxaca

Para quienes amamos la gastronomía mexicana, la cocina del sur de México —y en especial la oaxaqueña— es uno de los universos culinarios más fascinantes del país. Es una tradición que tiene raíces que se hunden en la historia prehispánica, en la cosmovisión zapoteca y mixteca, en la conjunción de sabores que nacen del maíz, los chiles, las hierbas aromáticas y los moles que han sido transmitidos de generación en generación. No es casualidad que esta cocina sea considerada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, ni que chef tras chef reconozca la cocina oaxaqueña como una de las más complejas, expresivas y emblemáticas de México.

En este contexto, la apertura de un restaurante que busca traer “un pedacito de Oaxaca a la Ciudad de México” representa algo más que una simple extensión geográfica de sabores; es una declaración de amor por una tradición culinaria, una invitación a experimentar cultura, historia y memoria en cada bocado. Ese lugar es Guzina Oaxaca, situado en la elegante avenida Presidente Masaryk, en el corazón del barrio de Polanco, Ciudad de México. Su nombre ya despierta curiosidad: Guzina significa “cocina” en lengua zapoteca, una palabra que connota hogar, origen y alimento como símbolo de identidad.

Desde su inauguración hace más de una década, Guzina Oaxaca ha sido un puente entre el corazón culinario del estado de Oaxaca y la sofisticada escena gastronómica de la capital. Su propuesta no busca ser simplemente un restaurante temático o una réplica superficial de estilos tradicionales; busca ser una embajada de la cocina oaxaqueña, encabezada por chefs profundamente conectados con sus raíces y con una vocación por elevar la tradición al contexto contemporáneo sin perder autenticidad.

Todos los aspectos que hacen de Guzina Oaxaca una experiencia culinaria notable: su historia, filosofía gastronómica, diseño y ambiente, carta y creaciones emblemáticas, maridajes y bebidas, servicio y hospitalidad, impacto cultural y una valoración crítica. Al finalizar, reflexionaremos sobre el papel que juega este restaurante dentro de la gastronomía mexicana actual, tanto para visitantes nacionales como internacionales.

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La cocina oaxaqueña no solo se distingue por la complejidad de sus recetas, sino por el profundo simbolismo que guarda cada ingrediente. En Oaxaca, cocinar es un acto colectivo, un ritual que une a familias enteras alrededor del fogón y que se transmite de generación en generación como un legado sagrado. Cada mole requiere paciencia, cada tortilla exige respeto por el maíz, y cada platillo representa una conexión íntima con la tierra. Entender esta filosofía es fundamental para comprender por qué un restaurante como Guzina Oaxaca no puede ser abordado únicamente desde la perspectiva gastronómica, sino también desde una dimensión cultural y emocional.

Visitar Guzina Oaxaca implica entrar en contacto con una narrativa culinaria que se ha construido durante siglos. No se trata de reinterpretar la cocina tradicional para hacerla “moderna”, sino de permitir que dialogue con el presente sin perder su esencia. En este espacio, el comensal no solo observa un platillo bien presentado, sino que se enfrenta a una historia viva: la del maíz criollo cultivado en comunidades rurales, la del chile seco que fue asoleado con paciencia y la del mole que requirió horas de molienda, tostado y equilibrio de sabores. Cada preparación es un homenaje silencioso al trabajo invisible de muchas manos.

Además, en un entorno urbano como Polanco —caracterizado por la globalización gastronómica y las influencias internacionales— Guzina Oaxaca se convierte en un refugio de identidad. Frente a menús cosmopolitas y propuestas de cocina extranjera, este restaurante apuesta por mirar hacia adentro, hacia el sur del país, recordando que México posee una de las cocinas más ricas y complejas del mundo. Esta decisión no solo es valiente, sino profundamente significativa: reafirma el valor de lo propio en una ciudad donde la oferta culinaria crece constantemente.

Por ello, hablar de Guzina Oaxaca es hablar de pertenencia, de orgullo y de memoria colectiva. Es reconocer que la cocina mexicana no necesita disfrazarse para ser sofisticada, pues su riqueza radica precisamente en su historia, en sus técnicas ancestrales y en su vínculo con la comunidad. Desde la primera impresión hasta el último bocado, el restaurante propone una experiencia que invita a detenerse, a observar y a saborear con conciencia, preparando al visitante para un recorrido culinario que va mucho más allá de la mesa.

Un viaje sensorial desde Oaxaqueña hasta Polanco

Raíces y propósitos

Guzina Oaxaca nace del deseo de compartir con el mundo —especialmente con la Ciudad de México— la rica y diversa tradición culinaria de Oaxaca. Según palabras del propio restaurante, su misión siempre ha sido colaborar con pequeños productores y apoyar la economía familiar de los distintos pueblos oaxaqueños, llevando ingredientes, artesanías y productos auténticos desde su lugar de origen hasta el comensal. Esto incluye no solo ingredientes frescos y vívidos, sino también mezcales, vajillas, vasos mezcaleros y otros elementos representativos de la cultura oaxaqueña.

La filosofía de Guzina Oaxaca combina tradición y modernidad, rurales y urbanas, memoria e innovación. El restaurante abraza ingredientes ancestrales como el maíz criollo, los chiles endémicos, el cacao y las hierbas locales, al mismo tiempo que los presenta con técnicas contemporáneas y enfoques de alta cocina. Esta fusión busca respetar la esencia de cada ingrediente, a la vez que los contextos gastronómicos evolucionan.

La personalidad de sus chefs

La figura del chef en Guzina Oaxaca es fundamental para comprender su identidad. La carta fue diseñada por el chef, un talento nacido en Oaxaca cuya trayectoria incluye proyectos emblemáticos como Casa Oaxaca. Sin embargo, la ejecución diaria de los platillos está a cargo del chef, también originario del estado sureño, quien aporta una sensibilidad personal que combina el respeto por las recetas tradicionales con una mirada creativa hacia la cocina de autor.

Galán suele enfatizar que su pasión proviene de la cocina familiar: las recetas y técnicas que aprendió de las abuelas, que representan una herencia ancestral. Esto se refleja en la manera en que los sabores son profundos, reconfortantes y a la vez sofisticados. Es común que en entrevistas y reseñas gastronómicas se mencione que en Guzina Oaxaca no se trata solo de comer; se trata de recordar y sentir una conexión con la cocina que ha alimentado generaciones enteras en Oaxaca.

El espacio y ambiente: cultura y estética


Arquitectura y diseño

Guzina Oaxaca ha sido cuidadosamente diseñado para transportar al comensal no solo a un lugar de sabor, sino a un universo visual y sensorial que remite directamente a la cultura oaxaqueña. El interiorismo combina elementos contemporáneos con artesanía tradicional, destacando colaboraciones con artistas locales como Amador Montes, Omar Hernández y Raúl Cabra.

Desde la entrada, el comensal es recibido con piezas artísticas, cerámicas y textiles que evocan los colores y las formas del paisaje oaxaqueño. La iluminación, los materiales y la disposición del mobiliario buscan un equilibrio entre lo elegante y lo acogedor, sin perder la calidez característica de la tradición sureña. Este enfoque contribuye a una atmósfera que es al mismo tiempo íntima y culturalmente rica.

Mensajes culturales en cada detalle

No se trata de una ambientación superficial: cada elemento ha sido seleccionado con intención, desde la cerámica hecha por artesanos hasta los vasos mezcaleros que acompañan las bebidas. Guzina Oaxaca se posiciona como una especie de galería sensorial donde el arte y la gastronomía se encuentran, promoviendo un diálogo entre la mesa, la historia y la identidad cultural.

La carta: tradición, creatividad y memoria gustativa


Concepto general

La cocina de Guzina Oaxaca gira en torno a ingredientes profundamente arraigados en la tierra zapoteca: maíz, chile, cacao, hierbas locales e ingredientes de temporada. La carta ofrece desde desayunos tradicionales hasta platillos vibrantes para comida y cena, con un énfasis en la autenticidad de las técnicas tradicionales y un toque contemporáneo que las enriquece.

Desayuno: el despertar de sabores

El menú de desayuno de Guzina Oaxaca es, por sí solo, una celebración de la cocina matutina tradicional. Aquí encontramos platos emblemáticos como enfrijoladas, chilaquiles con tasajo, tamales caseros y chocolate preparado al estilo de olla. Las tortillas se hacen al momento, lo que aporta frescura y textura que solo se logra con masa recién hecha.

Este enfoque no solo honra el rito del desayuno oaxaqueño, sino que también redefine la experiencia urbana del brunch tradicional. Es un momento en el que los sabores del campo —el maíz, el frijol, el chile— se encuentran con técnicas contemporáneas para producir un despertar sensorial completo.

Platos emblemáticos del almuerzo y la cena

Entre los platos más representativos se encuentran:

Tlayudas tradicionales: una expresión monumental del maíz en su forma más celebrada, cargada de quesillo, asiento y complementos que evocan el mercado y la cocina familiar oaxaqueña.

Memelitas tradicionales: tortillas gruesas y suaves, acompañadas de ingredientes frescos y sabrosos.

Tamaliza de mole negro con pollo: un platillo que combina el dominio del mole —esa compleja salsa negra que requiere horas de preparación— con la suavidad del pollo y la tradición del tamal.

Chapulines y tacos de insectos: platillos que no solo son auténticamente oaxaqueños, sino que también representan la expresión culinaria del entomophagy tradicional que caracteriza a ciertas regiones de Oaxaca.

Más allá de estos, con el paso del tiempo el restaurante ha incorporado toques creativos y fusiones que mantienen el respeto por la tradición, pero permiten explorar nuevos horizontes gustativos. Por ejemplo, en ocasiones el chef Carlos Galán ha introducido técnicas e ingredientes inspirados en cocinas internacionales, como salsas ponzu o tratamientos asiáticos aplicados a ingredientes locales, generando platos inolvidables como un pulpo braseado con influencias coreanas.

Mezcales, bebidas y maridajes

La propuesta líquida de Guzina Oaxaca es un capítulo aparte. El restaurante se enorgullece de tener una selección de más de 50 variedades de mezcal, muchas de ellas de pequeños productores familiares de Oaxaca. Esta variedad no solo honra la diversidad destilada del estado, sino que ofrece posibilidades amplias de maridaje y experiencias sensoriales únicas.

Además del mezcal, hay opciones de café de olla, cervezas artesanales, aguas frescas tradicionales y otras bebidas que complementan perfectamente los matices de cada platillo.

Servicio y hospitalidad: tradición hecha bienvenida

Uno de los aspectos que más destacan las opiniones de comensales y críticos es la cálida hospitalidad que caracteriza al personal de Guzina Oaxaca. Desde el momento en que se recibe al comensal hasta el último detalle del servicio, la intención es crear una experiencia que vaya más allá de comer. El personal está entrenado para compartir la historia detrás de cada platillo y bebida, explicando técnicas, ingredientes y tradiciones, lo cual enriquece aún más la experiencia.

Este enfoque humanizado del servicio contribuye a que cada visita se sienta menos como una cena formal y más como un encuentro con una familia extendida que comparte orgullosamente su herencia cultural.

Crítica gastronómica: aciertos y reflexiones


Un balance entre tradición y modernidad

Una de las mayores fortalezas de Guzina Oaxaca es su habilidad para equilibrar tradición y modernidad sin sacrificar ninguna de estas facetas. Los platillos respetan las técnicas ancestrales y la profundidad de los ingredientes, pero también se adaptan con sutileza a la sensibilidad contemporánea, tanto en presentación como en sabor.

Calidad constante en ingredientes

La insistencia en trabajar con productos auténticos y de origen es otro punto a favor. Los ingredientes traídos desde comunidades oaxaqueñas no solo son frescos, sino que tienen una auténtica conexión con la tierra de donde provienen, lo que se traduce en sabores más ricos, complejos y memorables.

Lugar para la innovación sin perder identidad

Aunque algunos puristas podrían argumentar que ciertos toques creativos —como fusiones internacionales— se alejan de la esencia oaxaqueña, lo cierto es que estos esfuerzos innovadores han sido bien recibidos cuando se ejecutan con respeto y conocimiento profundo de los ingredientes y técnicas originales.

Impacto cultural y gastronómico

Guzina Oaxaca no es solo un restaurante más en Polanco; es un embajador de la cultura oaxaqueña en una de las zonas más cosmopolitas de México. Representa un punto de encuentro entre lo tradicional y lo urbano, lo rural y lo citadino, lo local y lo internacional. Ha sido recomendado por guías gastronómicas reconocidas como la Guía Michelin, que lo ha destacado por su propuesta de cocina regional mexicana con autenticidad y calidad.

Su presencia ha contribuido a elevar la percepción de la cocina oaxaqueña más allá de los mercados y las fondas tradicionales, ayudando a posicionarla como una expresión de alta gastronomía digna de ser explorada y celebrada.

Una experiencia que trasciende el plato

Al llegar al final de esta extensa reseña, queda claro que Guzina Oaxaca representa mucho más que un restaurante; es una celebración viva de la tradición oaxaqueña, un símbolo de identidad cultural y una plataforma donde historia, arte y gastronomía convergen con elegancia y calidez.

Cada visita a este lugar es un recorrido. Es una mañana de desayuno con tortillas hechas a mano y chocolate caliente que evoca los sabores de la infancia. Es un almuerzo lleno de moles profundos y tlayudas vibrantes que narran siglos de tradición culinaria. Es una cena acompañada de mezcales de pequeños productores, donde cada sorbo y cada plato cuentan una historia. Es, en definitiva, un viaje sensorial que trasciende el simple acto de comer.

Guzina Oaxaca ha logrado, con tino y respeto, resguardar la memoria gustativa de Oaxaca mientras se abre al mundo contemporáneo, ofreciendo a cada comensal una experiencia gastronómica que no solo se degusta, sino que se recuerda y se lleva en el corazón. Es un lugar que honra sus raíces sin miedo a innovar, que respeta la tradición sin caer en la nostalgia y que, sobre todo, entiende la gastronomía como una forma de identidad.

Si estás dispuesto a explorar la profundidad de la cocina mexicana y a saborear una historia hecha sabor, Guzina Oaxaca es una parada obligada, un testimonio vivo de que la cocina puede ser, al mismo tiempo, memoria y descubrimiento.

Guzina Oaxaca se consolida así como un espacio donde la cocina deja de ser únicamente un servicio y se transforma en un lenguaje. Cada platillo comunica una historia, cada ingrediente transmite un origen y cada técnica revela una herencia cultural profundamente arraigada. Al finalizar la experiencia, el comensal no solo se lleva la satisfacción de una buena comida, sino una comprensión más amplia del valor que posee la gastronomía mexicana como expresión de identidad colectiva.

En un mundo donde la inmediatez domina la forma en que consumimos alimentos, Guzina Oaxaca invita a desacelerar. Sus procesos respetan el tiempo natural de la cocina tradicional, recordándonos que los mejores sabores no pueden apresurarse. El mole no se improvisa, la masa no se sustituye y la memoria culinaria no se fabrica: se honra. Esta postura convierte cada visita en un acto consciente, donde comer se vuelve un ejercicio de respeto hacia quienes preservan estos saberes.

El restaurante también cumple un papel fundamental como puente entre generaciones. Para quienes crecieron en Oaxaca, representa una reconexión emocional con su lugar de origen; para quienes no, es una puerta de entrada honesta a una cultura gastronómica profundamente rica. De esta manera, Guzina Oaxaca logra algo excepcional: unir recuerdos, aprendizajes y descubrimientos en un mismo espacio, generando experiencias que permanecen mucho después de abandonar la mesa.

Otro aspecto que fortalece su propuesta es el compromiso con los productores locales. Al trabajar directamente con comunidades oaxaqueñas, el restaurante no solo garantiza autenticidad, sino que contribuye activamente a la preservación del campo mexicano. Cada ingrediente que llega a la cocina representa el esfuerzo de familias enteras, reafirmando que la gastronomía también puede ser una herramienta de desarrollo social y económico.

La experiencia en Guzina Oaxaca demuestra que la alta cocina no necesita distanciarse de lo popular para ser relevante. Por el contrario, su mayor fortaleza radica en elevar lo cotidiano sin despojarlo de su alma. Una tlayuda, un tamal o una memela adquieren aquí una nueva dimensión, no porque cambien su esencia, sino porque se presentan con dignidad, respeto y profundo conocimiento de su origen.

Asimismo, el restaurante redefine el concepto de lujo gastronómico. Aquí, el verdadero lujo no está en la ostentación, sino en la autenticidad: en una tortilla hecha a mano, en un chile bien tostado, en un mezcal servido con orgullo. Este enfoque conecta con una nueva forma de entender la gastronomía contemporánea, donde la experiencia emocional es tan importante como la técnica culinaria.

Guzina Oaxaca también se convierte en un espacio de aprendizaje. A través del diálogo con el personal, del diseño del menú y de la narrativa que acompaña cada platillo, el comensal comprende que detrás de cada receta existe una historia que merece ser contada. Comer aquí es, en muchos sentidos, una lección viva sobre la diversidad cultural de México.

En un panorama gastronómico cada vez más competitivo, el restaurante ha logrado mantenerse vigente sin sacrificar su identidad. Su evolución ha sido constante, pero siempre fiel a su esencia. Esta capacidad de adaptación sin ruptura es una de las razones por las que Guzina Oaxaca continúa siendo un referente de la cocina regional mexicana en la capital del país.

Más allá de reconocimientos, reseñas o menciones en guías especializadas, el verdadero valor de Guzina Oaxaca se encuentra en la huella emocional que deja en quienes lo visitan. Es ese recuerdo persistente del sabor, del aroma y del ambiente lo que convierte la experiencia en algo profundamente personal e irrepetible.

Finalmente, Guzina Oaxaca reafirma que la gastronomía mexicana es un patrimonio vivo que merece ser celebrado, protegido y compartido. Cada visita representa un acto de reconocimiento a nuestras raíces, una forma de agradecer a quienes mantienen viva la tradición y una invitación a seguir explorando la inmensa riqueza culinaria del país. Con ello, el restaurante no solo cierra una comida, sino que abre una reflexión: comer también es una manera de recordar quiénes somos.

Sofia Cruz

Sofía Cruz es una blogger mexicana y autora en el blog de Tumesita, donde comparte sus mejores hallazgos gastronómicos. Apasionada por la comida, las historias locales y los lugares con alma, Sofía recorre México en busca de restaurantes que sorprendan al paladar y al corazón. Su estilo cercano y auténtico la ha convertido en una voz confiable para quienes aman descubrir nuevos sabores.